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viernes, 9 de enero de 2015

EL DIVORCIO SALUDABLE


Mario Fattorello
UN EXTRAÑO DIVORCIO

¿Cómo entender que un hombre se divorcie por celos? Aclarando que los celos son siempre infundados, porque un engaño comprobado ya no es asunto de celos, sino de traición.
Para representárnoslo, imaginemos a un sujeto celoso llamando a su esposa al celular y que ella no le conteste. Cuando la mujer llega (con 15 minutos de atraso), el hombre está verde y hecho una fiera. No habrá razón que le valga «me importa una mierda que el celular esté descargado. No puedo más ¡Nos divorciamos!».
Hasta aquí el asunto pasa ligero por común. Pero, a los días, nace una interesante incógnita cuando un amigo le cuestiona la decisión a nuestro héroe insensible a las baterías de celular: «Si no tienes pruebas de infidelidad, y si te pone de cabeza el temor de que ella esté con otro, ¿por qué te divorcias? De esa manera la estás empujando a rehacer su vida con otra persona, la empujas a que realice tu pesadilla». Pero el esposo decidido replica: «¡Qué sabrás tú de baterías! Esto se acabó, no hay vuelta atrás».
¿Qué sentido tiene esta decisión? Antes de pasar a la respuesta aclaremos que no estamos tratando sobre el mecanismo de los celos, la razón del divorcio pudiera haber sido cualquier otra, como que la esposa fuera una compradora compulsiva, o problemas con la suegra, o que, siendo él naturista, descubriera de pronto que los senos de su esposa son de silicona. Da igual el motivo, lo que vamos a analizar ahora es el para qué sirve el divorcio.

MATEMÁTICAS AFECTIVAS

Para entender este asunto es necesario que entremos al mundo del cálculo matemático de los valores propios. Todos sabemos que la autoestima está conformada por todos aquellos valores que podemos llamar «míos». O sea, su autoestima está conformada por todo lo que usted pueda llamar «suyo», o sea, el yo de usted, su-yo. Esto demuestra que la autoestima es el nombre que se le da en psicología a lo que en jurisprudencia se llama propiedad privada.
Ahora veamos cómo se pone en juego la autoestima en el amor. Imaginemos que la autoestima es una baraja. Y digamos que la baraja del amor propio del hombre del ejemplo, antes de conocer a su esposa, estaba compuesta por el valor de su profesión al que representaremos como un dos de picas, el valor de su trabajo al que representaremos como un dos de trébol, el valor de su familia ascendente que representaremos como un tres de corazones y el valor de sus amistades que representaremos con un tres de diamantes. Las cartas están echadas, la autoestima de nuestro héroe, cuando soltero, valía 10 puntos. Y, digamos que una autoestima de 10 puntos es muy buena, por lo que nuestro héroe era feliz con un valor propio de 10. Pero, un día, conoce a una mujer a quien le da un valor de 11 puntos y por ello la representaremos como un As de corazones. En ese momento la autoestima de nuestro héroe pasa a valer 21 puntos y ahora se siente eufórico, un Blackjack de felicidad. Pero, después de casarse, los celos del hombre transforman a su mujer de 11 puntos en una posible traidora, en un antivalor. A partir de ese momento el hombre se siente miserable y su autoestima se desbarranca en la melancolía. Ahora cabe preguntarnos: ¿cuánto vale, en este momento, la autoestima de nuestro héroe? Hagan el cálculo. Tienen cinco segundo para pensar y hacer sus apuestas…
 ¿Ya tienen la respuesta? Analicemos los resultados. Si optaron por pensar que la autoestima de este hombre que acaba de convertir a su mujer en un antivalor, vale 10 puntos, la respuesta es incorrecta porque, de ser así, el hombre se sentiría feliz. No eufórico, pero sí feliz. Recordemos que así se sentía antes de conocer a la mujer, y acordamos que una autoestima de 10 puntos era suficiente para ser feliz. Pero nuestro héroe se siente espantosamente mal, TANTO que quiere divorciarse ¿Por qué siente ése deseo? ¿Cuánto vale en este momento la autoestima de nuestro héroe? Para ser breves, develemos a la respuesta: la autoestima de este pobre hombre vale: -1. Los 11 puntos de valor que le atribuyó a su esposa durante el enamoramiento siguen teniendo, en su autoestima, un «valor absoluto» de 11 pero, por haber pasado a ser un antivalor, ahora vale -11. Y 10 - 11 es igual a -1. El balance de su autoestima está en rojo. Los 11 puntos negativos le impiden valorar los 10 positivos que, aunque todavía están allí, son negados el 11 negativo. Con un antivalor tan grande, sus valores pierden importancia. Ante el miedo de ser cornudo le importa un bledo su profesión, no puede concentrarse en su trabajo, si un familiar trata de hablar con él obtendrá una mala respuesta y a los amigos no los quiere ni ver. Por eso siente que debe divorciarse, porque sólo alejando los 11 puntos negativos de la propia autoestima podrá regresar a valorar los 10 valores que cultivaba, y restablecer la importancia de su profesión, su trabajo, su familia y sus amigos. He aquí el por qué siente la necesidad de divorciarse, para volver a valorarse. Matemática simple: lo malo resta, lo bueno suma.

LOS MISTERIOS DEL CÁLCULO

A veces, los más grandes misterios, son determinados por teoremas simples. Es tan notorio que en el amor se trata de transformar 1 en 2, es tan evidente que el amor es una adición, que resulta increíble que permanezca oculta la relación entre la matemática y el amor. ¿Cuál será la razón de este descuido? Creo que pueden ser tantas las causas que para no complicarnos la vida es mejor echarle la culpa a nuestra primera maestra de aritmética y olvidar el asunto. Lo concreto es que toda persona que comparte valores comunes con alguien siente que su existencia maneja cifras de muchos dígitos, mientras que si un pescador comparte su vida con alguien alérgico al pescado, sufre la oscuridad dominante a la izquierda del cero, la oscuridad de los números negativos.
La vida nos obliga a llevar varios libros de contabilidad, y no es el de las pérdidas, ni el de los desencuentros el que lleva escrito en la portada: «Libro del propio valor».